¿Alguna vez han sido nuestros los municipios? | Politify

Facebook Twitter Instagram YouTube

¿Alguna vez han sido nuestros los municipios?

columna sobre violencia

“Yo sabía que eran mis enemigos, pero ellos no lo sabían. Se amaban entre sí, se ponían hombro con hombro, y a mí me hubieran dado una mano por aquí o por allá, porque me creían su semejante.”
Jean Paul-Sartre en Eróstrato.

 

Desde 2006 han sido asesinados 109 alcaldes en todo México. Algunos de ellos estaban en funciones, otros habían sido electos y otros más ya habían dejado de serlo. El pasado 28 de diciembre de 2017 fue asesinado un diputado local de Jalisco, Saúl Galindo. Galindo era presidente de la Comisión de Justicia del Congreso de Jalisco y se había registrado como precandidato a la alcaldía de Tomatlán. Para terminar de rematar, mientras terminaba el borrador de esta columna, asesinaron a un alcalde en Guerrero mientras comía pozole con sus amigos.

Podemos discutir todo tipo de teorías acerca de las razones que tenga un grupo armado para asesinar a un precandidato a un municipio pequeño de Jalisco: que si era ruta de tráfico de drogas, que si estaban calentando la plaza, que si le aplicaron plata o plomo o que simplemente estaban reafirmando su control y dominio sobre un territorio. La razón puede ser una sola, o ser todas esas, o ninguna.

También podemos discutir todo tipo de teorías acerca de la configuración de este grupo delictivo: que si era el brazo armado de un cártel, que si era un cártel amigo o enemigo de tal o cual partido político, que si era el Estado infiltrado por el crimen o que ambos eran lo mismo.

Aparte de todo esto, para rematar podemos hablar de cómo mataron a Domingo López González,  alcalde de San Juan Chamula (Chiapas) por negarse a entregar recursos para una obra pública. Un grupo de pobladores llegó a inconformarse y tiempo después unos sujetos abrieron fuego contra él y el síndico.

La desintegración del municipio en México ha tenido efectos terribles porque la transferencia del poder se realiza de manera violenta o con la constante amenaza de ejercer violencia. Esto se agudiza porque los municipios son lugares pequeños en donde escapar de la violencia es bastante difícil. En promedio, hay cerca de 46,000 mexicanos por municipio en nuestro país pero la realidad es que muchos de ellos son mucho más pequeños.

Ahora, hablemos de la violencia. La violencia política nació de un fin ideológico y de una relación de poder y dominio -eran los débiles los que ejercían la violencia como mecanismo de defensa y después, de ataque. Así nació la “propaganda por el acto” y después, el llamado terrorismo moderno y con ello la guerrilla como forma de rebelión ante el control total y autoritario del partido único y su reinado.

En cierto sentido, la cosa sigue siendo así. El Estado mexicano sigue teniendo control sobre muchos aspectos de la vida de las personas comunes. Sin embargo, la historia de este control ha sido de un estira y afloja y por distintos medios y entre distintos grupos que se disputan lo que significa: el poder para recaudar impuestos y el control que conlleva la “seguridad pública” o controlar quien puede estar vivo y quién no.

En el sur de Jalisco y en gran parte del país, esta gran captura del municipio, una especie de insurgencia con lujo de violencia le ha arrebatado el control de los municipios al grupo anterior una manera grotesca y tremendamente real. La realidad nacional es producto de este vacío inicial de poder, de esta captura y de los conflictos que ha desatado.

Ya nos habían quitado los municipios una vez, con el partido único. Después los tomaron para administrarlos para sus negocios, para endeudarlos y manejarlos a su antojo. Ahora nos los han vuelto a arrebatar. Vale la pena preguntarnos ¿alguna vez han sido nuestros los municipios?

 

Rodrigo Cornejo