Frente a la violencia: memoria, dignidad y organización

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Es cotidiana, en toda el Área Metropolitana de Guadalajara, en Jalisco y en prácticamente todo México la normalización de la violencia. Es cosa ya del diario escuchar que si la balacera en tal colonia o que si el robo en tal vecindad. Que si el asalto a mano armada o con arma blanca en la esquina de una colonia popular al igual que en una acaudalada. La violencia se ha convertido tanto en una manifestación como en una causa de nuestro malestar. Una estructuración estructurante, si nos ponemos complejos.

Para validar la afirmación anterior podemos poner a reflexión que ya más de generación de jóvenes mexicanos ha nacido y crecido en un ambiente de profunda vulnerabilidad y violencia. Desde 1996 a 2016 el número de homicidios dolosos en el país oscila cada año entre el orden de los 11 mil a 20 mil. Durante el mismo periodo, la desigualdad en México ha incrementado de manera exponencial. “Las condiciones de desigualdad en el país son tales que el 1% de la población posee el 43% de toda la riqueza en México

Mientras el PIB crece a menos del 1% anual, la fortuna de los 16 mexicanos más ricos se multiplica por cinco. ¿Esta situación contribuye, alimenta o propicia la reproducción de las relaciones asimétricas? Sí. ¿Se relaciona esto con los niveles de violencia? Se antoja imposible aseverar que no.

 

No sólo es importante detener el círculo vicioso de la violencia y la desigualdad que van de la mano en el país como fenómeno social conjunto, dentro del contexto urbano, rural y cultural. Desde el famoso dicho tapatío de “de la calzada para allá o de la calzada para acá” como frase enunciativa de la realidad y la diferencia asimétrica entre unos lugares y otros pasando por las particularidades de comunidades tan diferentes del país como lo pueden llegar a ser los pueblos del campo de Tabasco y Oaxaca frente a una ciudad industrial como Monterrey o una metrópoli prestadora de servicios como Tijuana.

¿Qué hacer como persona frente a este panorama? De entrada, no elegir la estrategia de repliegue. Actuar con el miedo como motor detrás nunca traerá luz. Abandonar la idea de la derrota anticipada es lo más relevante en principio. Entender que politizar los miedos y los dolores cotidianos con los vecinos, las compañeras, nuestros amigos y nuestros personas conocidas es una labor de deliberación cívica que nos debemos todas las personas de este país si aspiramos a construir un futuro distinto.

Como primer núcleo de auto-organización y de protecciones no está de más siempre ser conscientes de la utilidad y la potencia de hacer ciudad, barrio o colonia con tus vecinos. Conocerlos, saber más o menos sus horarios, poder saludar y ubicar al policía de tu barrio, aunque éste no sea tu amigo más confiado saber cómo se llama, en que horarios lo puedes encontrar. Hacer un grupo de Whatsapp y tener contacto con tu presidente de colonia. Parecieran cosas mínimas pero frente a eventualidades contingentes son detalles que pueden marcar la diferencia.

La violencia es la piedra de toque en decenas de acontecimientos cotidianos, desde los homicidios de comuneros wixarittari pasando por la tragedia del multiatropello en la prepa 10, hasta el asesinato de un estudiante en las inmediaciones del Proulex, una conocida escuela nada lejos de la rectoría de la Universidad de Guadalajara. ¿O qué decir de los casos de fosas en La Barca o en Santa Lucia o La Calera?

Ni la cerrazón del Estado, ni la amenaza del crimen organizado,  ni las condiciones estructurales que dificultan cada día más la construcción de un futuro más benigno justificarían la desafección de parte de nuestra generación política para así por ende no movilizarnos en consecuencia frente al tamaño de la emergencia y el reto que esta realidad implica.

Por fortuna de momento pareciera hemos estado a la altura frente a cismas como Ayotzinapa en el cual se desenmascaró la versión del gobierno a punta de marchas y debate en redes, así como en los terremotos recientes al soportar en tiempos de emergencia y confusión las columnas del país entre todas las personas, sobre todo jóvenes y estudiantes,  que se activaron a pesar de la lentitud del régimen del 2000.

Que el amor a la ciudad nos regrese a los parques y las plazas, una y otra vez cada semana. Que la memoria nos ayude a dignificar a quienes ya no están y así abrir camino para los que vienen. Que la confianza se multiplique entre las personas para que antes en lugar de vernos como potenciales enemigos, nos entendamos como aliados.

@JuanYvesPalomar

*Politify

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