Libertad, Igualdad, Fraternidad

Por Frank Aguirre   -   En honor a mi hermano y amigo Silvestre de la Toba e hijo, en paz descansen
libertad, igualdad, fraternidad

Con anterioridad me han pedido que hable sobre la violencia que vivimos en La Paz (ya lo he hecho). Me comentan que proponga alternativas ante las quejas que muchos hemos planteado con la estrategia actual de más medicina.

Muchos ciudadanos comunes, algunos científicos sociales locales, coincidimos en que vivimos una violencia generalizada (vial, familiar, callejera, escolar, laboral, económica, institucional, sistemática, de género) hay que aceptar eso pues en la medida en que lo reconozcamos podremos detectarlo (a tiempo), y actuar en consecuencia para dos cosas: denunciarlo, y evitar que vuelva a suceder. Y con ello reducir el nivel de violencia que vivimos en sociedad.

L I B E R T A D

Esta semana estaba a medio escribir una columna que lleva por título “De chivo los tamales: Uber”. En resumen escribí porque económicamente es un riesgo asociarse a esta empresa y porque para los mismos choferes de Uber es un peligro rodante aún mayor chambear en esta plataforma. Pero será para otra ocasión porque ahora nos urge hablar de violencia. Sí, urge hablar de la violencia generalizada en la que estamos sumidos desde hace años en la capital de Baja California Sur, la que el lunes pasado nos quitó a uno de los nuestros.

La violencia, me arrebató un amigo. La violencia le quitó su libertad de vivir.

Como no quiero quitarle el lugar a quienes fueron más cercanos a él, no ahondare en la figura de una persona sumamente valiosa para la comunidad sudcaliforniana como la de  Silvestre de la Toba (ombudsman recientemente asesinado junto con su hijo), porque quiero honrar su memoria con estas pocas palabras que les voy a compartir.

Para ello es importante definir ¿qué son los derechos humanos? alarmantemente he escuchado a amigos y cercanos usar con coraje y de mofa esta palabra para criticar los derechos que por ley tienen algunos criminales. Los derechos humanos no recaen ahí. Cuando hablamos de Derechos Humanos nos referimos a todo lo indispensable que las personas necesitamos para poder vivir, sobrevivir, o subsistir: Agua, aire, comida, luz, calor, educación, seguridad social (salud), trabajo, justicia, entre muchas muchas otras que no son otra cosa más que la satisfacción de ser LIBRES.

I G U A L D A D

Esta violencia que vemos y vivimos no es espontánea, me atrevo a decir que tampoco es “natural” del hombre. Ésta surge porque vivimos en circunstancias desiguales, existe un gran porcentaje de la población a la cual el sistema y la sociedad les han fallado. Les fallan cuando hay que pagar mordidas para hacer un trámite simple, les han fallado cuando uno de sus familiares muere por problemas de salud porque no pudieron pagar sus medicinas que el instituto de salud debió costear y ahora ni para el féretro alcanza, les falla cuando con 3 trabajos no te alcanza para pagar el agua, cuando el recibo de la luz es elevadísimo y su consumo no corresponde al cargo. Les ha fallado cuando a generaciones enteras nos es imposible comprar una casa.

La desigualdad genera violencia. Sí, porque las instituciones con las arcas llenas no redistribuyen de manera equitativa lo recaudado y obliga a los más pobres a tomar decisiones desesperadas, obliga en circunstancias desiguales (pues lo permite) a tener 3 o 4 trabajos con salarios míseros, sin seguridad social ni horario laboral, y con ello obliga a alejarse de su familia, alejarse de la educación de los hijos que crecen sin un ambiente sano, y que sin una conciencia colectiva optan por la violencia inconciente o concientemente.

Estas instituciones permiten que la sociedad viva bajo presión mercantil que bombardea constantemente con la idea de que solo seremos plenos y felices mientras aspiremos a formar parte de una sociedad de consumo sin fin, en vez de alentar y proporcionar herramientas para lograr la libertad alimentaria, de energías renovables, para construir el desarrollo sustentable, cuando no nos proporciona un camino en el cual con igualdad de derechos podamos decidir qué futuro queremos para nosotrxs mismos, cómo queremos desarrollar nuestras diversas inteligencias. Esto NO es una convicción personal, leamos el caso del sistema educativo de Finlandia, el nivel político/institucional de Islandia, la calidad de vida en Noruega, Suecia o Dinamarca; si, países escandinavos y europeos, pero nosotros tenemos más ventajas sobre ellos, la diferencia es el nivel de organización y conciencia colectiva.

En pocas palabras cuando como sociedad y gobierno (más este último) no nos preocupamos por satisfacer las necesidades básicas de todxs (acceso a agua, salud, educación, trabajo, seguridad social, etc.) estamos forzando a la clase no privilegiada a vivir de forma circunstancial, vaya, les coartamos su libertad.

F R A T E R N I D A D

Cuando nos reunimos unos pocos amigos de Silvestre después de su asesinato, para ver cómo podemos ayudar a su familia la pregunta entre nosotros surgió una y otra vez:

Con este nivel de violencia ¡¿Qué vamos a hacer?!

Para responder quiero citar a mi amigo Juan Yves Palomar:

[No replegarnos. No actuar con el miedo como decisión final,] como motor [,] nunca traerá luz. Abandonar la idea de la derrota anticipada es lo más relevante en principio. Entender que politizar los miedos y los dolores cotidianos con amigos, familiares, vecinos y compañeras, es una [labor obligada] que nos debemos todas las personas de este [estado] si aspiramos a construir un futuro distinto (como decía al principio, no minimizar ni la más mínima acción de violencia, será crucial para que no se replique ni escale de nivel).

La autoorganización es elemental para que esto no nos siga rebasando, salir a conocernos, a dejar de ser ajenos, a reencontrarnos en el espacio público. Hay quienes insisten que salir a la calle es “exponerse”, hay otros que aseguran que incluso estar en tu casa no es seguro, me atrevo a decir que es más seguro estar en la banqueta acompañado del resto de tus vecinos, porque entre más ojos en el barrio, hay más testigos allá afuera, los criminales de todo tipo subsisten gracias a la impunidad, no nos soltemos. Esto tampoco es una convicción personal, pueden escuchar las entrevistas durante el Festival de Contracultura del Grito Colectivo A.C. en redes sociales, o leer sobre el caso de Chihuahua en Bici y del movimiento artístico en Tijuana.

Vale la pena armar comités vecinales, desarrollar planes de contingencia en los comités de padres de familia, los grupos de whatsapp fortalecerlos integrando a más vecinos, realizar reuniones vecinales periódicas. Contactar al comandante de tu perímetro. Exigir en colectivo que la ciudad ilumine sus calles de una vez por todas. Solicitar que reactiven las casetas policiales de tu parque abandonado.

Enterarte de lo que pasa con tus impuestos en el congreso local, investigar cuánto están etiquetando en el Presupuesto de Egresos del Estado para actividades culturales, artísticas y educativas en los barrios vulnerables, y si no lo están haciendo si están recortando presupuestos, si están demoliendo escuelas, si están vendiendo parques a particulares, exhibirlo, denunciarlo y exigir que este modus cambie.

Vale la pena tocar base con expertos quienes ya ejecutaron una alternativa con resultados en vez del uso de las balas. Voltear a ver el proceso de paz en Colombia y la participación del sacerdote Leonel Narváez, evaluar las administraciones de Antanas Mockus, Sergio Fajardo, de John Sudarsky, Jorge Torres. Asistir y escuchar a los foros locales que organizan importantes decanos y docentes como Lorella Castorena, Maria Luisa Cabral, leer las publicaciones y denuncias de Susana Ochoa, Dana CorresSabina Berman, Yuma Perez. Vale la pena porque cuando sientas angustia, cuando no veas luz en este  hostil y abrumador sendero, veras que no estás sola, sabrás que no estamos solos. Y porque no estamos solos, de nuevo, no nos soltemos.

...Nos vemos en la calle.

 

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