A los pies de un gigante | Politify

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A los pies de un gigante

A los pies de un gigante

En la Guadalajara de hace mucho tiempo, en sus inicios, había 4 molinos. Estos molinos eran movidos por un modesto río, el río San Juan de Dios. Era un río pequeño, en tiempo de secas se reducía mucho su caudal. Sin embargo, poco a poco la gente le fue encontrando utilidad y, de repente, fue el receptor de todas las aguas de desecho de la ciudad. Eventualmente, se decidió entubar el río y poner encima de él una avenida: nuestra famosa Calzada Independencia. Como alguien que gusta de los ríos y del agua en las ciudades, debo admitir que me entristece la historia del difunto río.

 


El río San Juan de Dios en 1890, en pleno centro histórico de GuadalajaraLeyenda

Cuando las ciudades crecen, modifican su entorno. Negarlo sería algo torpe, pero confundir crecimiento con desarrollo es caer en una trampa bastante común. Ya hay ejemplos en el mundo de ríos como el nuestro que han sido recuperados. Sin embargo, el costo de recuperar el cauce es grande y no siempre es posible hacerlo.

Nuestra ciudad está flanqueada por áreas verdes que le han impuesto sabios límites a su mancha urbana. ¿Qué sería de Guadalajara y su zona metropolitana si no existieran dos monumentales ecosistemas que la protegen como son el Bosque de La Primavera y La Barranca de Huentitán? En Zapopan estamos doblemente bendecidos: tenemos muchísimas áreas verdes en comparación con el resto de la ciudad, y mirándonos, desde arriba, está La Primavera. Si vemos en un mapa qué tanto acceso a áreas verdes tienen las personas que viven en los rumbos de la Barranca de Huentitán, veremos que tenemos mucha suerte en comparación.


Clave de áreas verdes por habitante de acuerdo a las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud. Fuente: SITEL Jalisco

 


Áreas verdes por habitante en el oriente de Guadalajara. Fuente: SITEL Jalisco

La Primavera es un gran coloso que provee los llamados ‘servicios ambientales’. Estos servicios los obtenemos en nuestra ciudad y le dieron su fama nacional al clima amable y templado que Guadalajara ya perdió, aplastada por su isla de calor y su enorme parque vehicular. Estos servicios son gratuitos, pero como hemos visto, no son inagotables y se pueden deteriorar tanto que lleguen a perderse por completo. Nuestro clima actual es ejemplo de ello.

 


Áreas verdes por habitante en el occidente de Guadalajara. Fuente: SITEL Jalisco

 

 

Así como nuestro clima se ha deteriorado, el crecimiento de nuestra ciudad nos ha robado calidad de vida. Durante décadas, y de manera mucho más acentuada ahora, no ha habido voluntad política, recursos o coordinación suficientes que le hayan podido hacer frente a las presiones inmobiliarias que hay sobre parques, áreas verdes y el coloso que mira a Zapopan desde donde se pone el sol.

 

La Primavera ha sido acorralada poco a poco por la mancha urbana. Su ordenamiento legal es complejo: está en los linderos de la ciudad, su zona de influencia abarca varios municipios y le aplican leyes de carácter federal y estatal. Tiene dueños privados, también es terreno ejidal y cada parte del bosque tiene un régimen de uso distinto: hay zonas agrícolas, de uso público y zonas en recuperación. Por último, es una zona protegida por decreto presidencial desde 1980.

 

Nada de esto es nuevo. Lo que sí es nuevo es que nuestra ciudad está pasando por una época de crecimiento urbano descontrolado. Apenas se comienzan a conformar los primeros instrumentos de coordinación y planeación metropolitana, y sus efectos se verán hasta años después, quizás décadas. Ese enfoque es optimista, porque todavía resta ver qué tanto resisten estos instrumentos ante un posible cambio de gobiernos.

 

Además, siendo honestos, todos estamos con los ojos puestos en el desarrollo vertical de nuestra ciudad. En mi propia colonia, Ciudad Granja, que era de carácter semi-rural e industrial por tradición, comienzan a salir torres por todos lados. A todos nos preocupa ese tipo de presión inmobiliaria sobre nuestra ciudad. Pero cada vez que volteo a mi ventana y alcanzo a ver un clarito de cerro, cada vez que escucho los gritos de los aficionados de mi equipo favorito de fútbol, cuyo estadio está tristemente construido en una zona de recarga de mantos acuíferos, cada vez que pasa eso, me digo para mis adentros: “No vaya a ser que perdamos La Primavera”.

 

Por eso hay que poner los ojos sobre el bosque para no perderlo y exigir de nuestra política que se le defienda a toda costa. Vivimos a los pies de un gigante cuya sombra nos cuida, pero que puede abandonarnos si lo dejamos a su suerte. Si vives en Zapopan, cada vez que vayas a un parque piensa que es un pequeño hijo y defensor del viejo gigante. Vale la pena cuidarlo y así, preservar nuestra suerte.

Por: Rodrigo Cornejo 

*Politify